
Por Jorge Duke Suárez, periodista
La intuición no me falla al decir que esta —la de este año— será una de las elecciones más reñidas para Cámara de Representantes en Casanare.
Hace mucho no se sentía tanta tensión en una carrera similar. Quizás desde las romerías que convocaba José Rodolfo Pérez en parqueaderos, canchas y otros escenarios, no se vivía una guerra sin cuartel como la que se avizora.
En aquella época no había propuestas, pero sí empanada para todo el que se moviera y uno que otro billete de cincuenta mil, cuidadosamente enroscado, con una técnica de origami que sólo los políticos logran dominar.
Con esa vibra inquietante —como una película de terror en la que uno sabe que todo es mentira, pero aun así es casi imposible dejar de mirar—, Casanare está hoy, formalmente, en campaña.
Conviene tomarse en serio solo algunos candidatos para ir decantando.
Tenemos, principalmente, cuatro casas sentadas en la mesa de póker. Los cuatro jugadores miran sus cartas con cautela, y no hablo de los candidatos, sino de quienes realmente están detrás.
Los verdes confían en la memoria del electorado y en la teoría de que “un representante lo pone el gobernador y otro el alcalde de Yopal”.
Por el lado de la Casa Barrera, ya están milimétricamente organizados para jugar todas sus fichas, pues puede ser uno de sus últimos juegos, pero su mano final aun es incierta.
El tercero juega al cálculo. Si alguien sabe de apuestas y casinos es Marco Tulio, y aunque por sí solo es una máquina de hacer votos, endosar no es su fuerte. Aun así, Amanda —su ficha principal— tiene mucho en común con el Bigotes: digamos que Amanda es un Tulio en versión Barbie madura, chabacana y bonachona, ella sabe llegarle a la ‘gentecita’.
Como si la mesa ya no tuviera suficiente drama, llega el apostador que suele patear el tablero y desordenar el juego. De hecho, su entrada a esa mano provocó que Hugo Archila retirara sus cartas, porque el voto que no es de Negro, que no es de Tulio y que no es de Alirio sí existe, y solía andar con los liberales. Pero JJ Torres los agarró con los calzones abajo y se abrogó la primera victoria: ser la cuarta opción.
¿Pero cómo están hoy las apuestas?
Ya son 16 años escribiendo de política. Conozco a todos los candidatos; con todos he hablado e incluso con todos he sostenido una relación estrictamente laboral, con inicio y final, sé hasta cuándo mienten.
Con modesto conocimiento de causa puedo opinar sin esperar la próxima encuesta, porque el termómetro está en tres escenarios que consulto en la mañana al levantarme y en la noche antes de dormir: el análisis de los líderes de opinión, las métricas de las redes sociales y la opinión pública; es decir, lo que dice la gleba.
Jhon Jairo le apuesta a su hermana Liliana. Aunque hoy parecen tener menos posibilidades, eso no significa que no puedan sorprender o, al menos, aguarle la fiesta a la Casa Barrera y al Clan de la Casita, porque es a ellos a quienes más votos les va a arañar. Su aparición le resta a dos corrientes y termina favoreciendo al zorrismo.
Amanda y Marco Tulio son un matrimonio conveniente, más bello que el de Lady Di y el príncipe Carlos -ojalá dure más, porque hoy, solos, no llegarían muy lejos. Eso sí, es innegable que los otros dos candidatos de Cambio Radical no jalan ni un carro de juguete. Jairo y York habrían ayudado más.
Ahora les llegó ayuda de los viejos rojos; diamantes como Celemín y el viejo Jorge García; par de joyas que también se reencaucharon y ya están pensando en la fórmula Luz Mery Alcaldía y Jorgito Gobernación. La idea parece ser es quitarle la mano a Hugo Archila.
La Casa Barrera, que muchos daban por extinta tras la pasada derrota en las regionales, lanzó una estrategia que no suena mal y no va mal, pero que en el fondo es lo mismo por lo que han sido juzgados: el negocio de familia.
Los tres candidatos tienen detrás a un Barrera. El alirismo puro y duro está con Álvaro Mariño. Allí se ven empujando a personalidades de la talla de Doris Bernal y a la nueva consentida de la casa, Daniela Montes (que me tiene más confundido que Antolino presidiendo una sesión de la Asamblea).
Al pastor Wilmer —un hombre que con su nadadito de perro se les puede encaramar. Lo aúpan Ruth Barrera, el famosísimo Aaron Quiroga, (quien pudo hacerse una que otra monedita en la gobernación anterior) y doña Marisela, lo que le da un impulso interesante. No se les haga raro que el pastor termine pegándoles una sacudida.
Arledy Alvarado es una hija política de Salomón y Cielo Barrera, y -pensando en familia-, se conoce que es pareja de Milton Alejandro Contreras Sanabria, sobrino del exgobernador Salomón.
Carga con la bandera de campaña más desatinada que se han podido inventar: la salud. Es su talón de Aquiles. Es como si Luis Eduardo Castro volviera a hacer campaña para “Yopal, -ahora sí- ciudad segura”, o como si ‘Gallina Flaca’ se lanzara como “el concejal del deporte”.
Así están las cosas con ese tridente que, como quiera que sea, ha creado una competencia agreste entre ellos mismos, lo que suma ruido a la contienda y podría incluso darles las dos curules.
Al final ya se sabe lo que pasa: Alirio mira quién va primero y, por si las dudas, hace tres o cuatro llamadas telefónicas, la estructura se mueve como romería en Semana Santa y habemus candidato oficial.
No puedo negar que este es el párrafo es difícil de escribir. Conozco a César Zorro; el man es un tipo de tremendas intenciones. Es buena persona y las redes sociales le son muy benévolas. Cualquier problema lo resuelve en campo, dejando ver los hoyuelos que se le forman en las mejillas, y eso funciona en política como una fórmula mágica. Pero su Cámara no está tan clara.
Diego García es un buen tipo y se nota que usa buena pasta dental, porque esa sonrisa estridente es uno de sus mayores ganchos. Eso sí, su mayor mérito es ser hijo de Flor Ángela Alfonso, una de las mujeres más interesantes e inteligentes que tiene Casanare, pero ella no es la candidata.
Diego está desdibujado. Es más, dudo que algún día haya estado dibujado. Una de sus mayores piezas de campaña fue el video del Día de los Inocentes, en el que se equivoca unas treinta veces, justo en un momento en el que nadie quiere votar por alguien que cometa errores.
Más allá de ello solo hubo una insípida rueda de prensa en la que brilló otro candidato porque su mamá orgullosa lo veía en televisión.
De Diego no se sabe si es criollito, o gerente, o estadista, o futbolista. Es un enigma. Dicen que es el candidato del gobernador. La gente solo espera que no sea un candidato Súper Coco: verde por fuera y negro por dentro.
Está a tiempo el zorrismo de jugar mejor y tirarle un salvavidas al joven, porque sus mejores cartas no están en la baraja: no está Flor Ángela, ni Velandia ni Álvaro Rivera. Tampoco dejaron jugar a Alejandro López ni Ruth Yaneth Bohórquez, quien sabe qué fondo oscuro hay en ello.
Para terminar esta columna intensa, me encontré hace un tiempo con José Rodolfo, el “Negro” Pérez. Me saludó respetuosamente y fue correspondido. Tomé café con su prima Francela, quien me pareció encantadora, y aprovechando la ocasión le pedí al señor una entrevista sin editar, franca y respetuosa, porque sí creo que Casanare merece tener las cartas abiertas sobre la mesa. No es que hable mucho; por eso los demás lo hacen por él, pero igual dijo que sí, que por supuesto. No me ha respondido el teléfono.
A Casanare se lo están jugando todo por el todo y más de uno está nervioso, hasta yo que apenas soy un humilde observador.
El todo o nada El todo o nada



